Cuando somos niños solo buscamos divertirnos, sin preocupaciones de por medio, y cuando nos aqueja algo, están nuestros padres para protegernos y saber que nada malo nos pasará por que ellos siempre estarán ahí.
Cuando crecemos y somos jóvenes, sentimos que no le tememos a nada, nuestros padres se vuelven prescindibles, no los necesitamos hasta cuando nos metemos en algún problema, mejor dicho, no necesitamos de nadie, somos indestructible y peor aún, creemos saberlo todo.
Pero conforme uno empieza a tener mas edad empieza a comprender que no somos eternos y aún así continuamos haciendo disparate y medio, quizás tratando de "vivir", que no esta mal, sin comprender que quizás, deberíamos vivir comprendiendo que estamos disfrutando cada momento por que estamos "vivos", las "desgracias" nos acercan a la compresión de que debemos disfrutar cada día, cada momento, que en esta vida todo es prestado, desde el dinero que ganas, la palabra que comprometes, la amistad que te ofrecen, la confianza que depositan en ti, el amor que te dan, todo eso es prestado, por que no sabes en que momento todo eso, sino lo has sabido valorar, la vida misma te lo quitará...como dice la canción de John Lennon (Nobody told me) "...nadie me dijo que habrían días como este...días extraños de verdad.", aunque muchos te contarán como será mañana, sólo tu descubrirás como es realmente.
Se me ha hecho una costumbre entender que -y hasta he profundizado en la frase- "no hay mal que por bien no venga", pero a veces esta frase suele ser bastante dura para comprenderla en el momento de la tragedia y aún así, después de sobrellevar la dificultad y con los años vividos, uno sigue sintiendo que dicha frase, sigue calando hondo en el alma y en el corazón.
La vida y las dificultades endurecen nuestro carácter, nuestra forma de mostrarnos, nuestra mirada y quizás pensemos que endurece nuestra alma, no creo que nos volvamos insensibles, simplemente la sensibilidad se disfraza con una armadura frente a la desesperanza y la desazón.
Wacho