Dile a mi razón que el olvido es una bala que
me debe caer en el corazón, destrozar mis ganas hacía ti y mis sentidos que ya
no tienen control cuando te veo.
He de marcharme por que tu mirada –en
silencio- me expulsa, lejos de lo que te pueda dar, las flores que tu sonrisa
hicieron crecer en mi corazón se marchitan, pues así lo quisiste.
Aún la vida insiste en cruzar nuestras almas
que en un mismo cielo como estrellas, se confunden y se miran de reojo e
indiferencia, acepta el destino, mas no eres valiente de mirarme a los ojos.
Inmadurez, una niña y un niño que se comportan
como adultos, abrazados por la indiferencia.
Wacho
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